Javy's profileSiento, luego existoPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
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Desde aquí se puede ver un largo horizonte...
Las que veo o he visto
Sentáos y leed... éstas son mis recomendaciones
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Siento, luego existo...pasen en silencio... Sale de mi cabeza. Y no tiene explicación.
La canción que, si todo va bien, estás escuchando ahora; click derecho en el título, y podrás descargarla.
10/26/2007 19. Sobre El orfanato, otra másEs un hecho: los aficionados al cine solemos entrar a la sala con ciertas expectativas, queramos o no. A mí me pasó con La vida secreta de las palabras, con Réquiem por un sueño, con Good bye, Lenin!... Es precioso; entras esperando algo, y te encuentras con eso mismo, o algo mejor. Es como entrar con hambre a un restaurante y que te sirvan un plato exquisito. O como encontrarte un aseo límpido y brillante justo cuando lo necesitas. Bueno, nunca fui un as con los símiles.
Pero las expectativas, como toda moneda, tienen una cruz. O un mapa de Europa, hoy en día. Y es que a los que entramos expectantes al cine, a veces nos pasa que nos damos con un canto en los dientes. Nos ocurre cuando vamos a ver la adaptación de una buena novela, o cuando vamos a ver Las 13 rosas.
Y no es que siempre nos encontremos con un bodrio donde preveíamos una obra maestra. A veces es sólo que nos esperábamos otra cosa. Por ejemplo, si es la película que los Goya van a mandar a los Oscar (qué raro suena así todo), si todo el mundo habla bien de ella, si la aplauden durante 5 minutos en el Festival de Sitges, pues uno se espera de El orfanato, al menos, un remake de Los otros. Y de verdad que si el otro día hubiera visto en el cine la gran obra de Amenábar versionada con intérpretes nacionales y pequeñas variaciones, habría sido muy feliz. Pero no.
El primer chasco que me llevo es ver al ligón afeminado de Manos a la obra, Fernando Cayo según el IMDB, en uno de los papeles principales. Es muy triste ver a un actor tan mediocre en una superproducción tan vanagloriada. Y que el niño lo haga mal, vale. Es un niño. Otro chasco, éste continuo y creciente conforme avanza la trama, al encontrarme con, uno a uno, todos los topicazos del género: el hijo enfermo, el triste pasado, la casa, la médium... Y es que eso es El orfanato, una pura película de género; y a estas horas de la historia del cine es una odisea ser original, muy difícil. Pero el guión no se limita a beber de sus fuentes, se zambulle en ellas, haciendo de su trama un collage de filmes predecesores.
Aún así, con una sorprendente muestra de rapidez, me adapto a lo que veo, bajo el listón a lo que me pueden ofrecer, y es ahí cuando veo cosas que salvan la película. La interpretación de Belén Rueda, que si bien flaquea en algunos momentos, en los más importantes se muestra como una buena actriz que, al menos, nos convence en su papel. Al fin y al cabo, es lo mínimo que se espera del personaje en torno al cual gira toda una película.
Por otra parte, el manejo de la cámara del director está muy logrado. Bayona muestra una gran virtud en varios momentos de la película que son muy buenos, como el "pollito inglés" de Rueda, o la secuencia en la que el personaje de ésta descubre toda la verdad, un momento tan espeluznante como emotivo. Tendremos que pasar por alto el momento en que pierden al niño, esa carrera por la playa que, gracias a un exagerado uso de la música y movimientos de cámara, hacen de la interpretación de Cayo y Rueda algo ridículo.
Sin duda lo mejor de la película es la última media hora (precisamente en la que se queda sola la actriz estrella), con un final necesariamente sorprendente (y esto es lo que hace que no sorprenda, pues incluso esta cualidad ya se ha convertido en tópico), e irónico, algo nuevo que sí aporta. Por tanto, un final que nos deja buen sabor de boca, aunque le sobren las últimas escenas, y que puede llegar a compensar en parte muchos aspectos negativos.
Pero no es la (no tan alta) calidad de la película lo que me mosquea. Es más bien la decisión de nuestra Academia de mandarla al otro charco. Es cierto que es una película de habla no inglesa, y en esa categoría la presentan. Pero sigue siendo un producto de Hollywood, no tiene nada de cine español. Si El orfanato gana el Oscar, que lo dudo, nosotros tendremos pocos motivos para alegrarnos. 5/6/2007 18.Sábado, 5 de mayo de 2007; 19:51h según el reloj del autobús (Escuchando Somewhere Only We Know de Keane)
Tengo una enfermedad. Como un cáncer, se ha extendido hasta paralizar todo mi cuerpo. Y sin embargo no dejo de moverme. Muevo mi mano para escribir esto, muevo la cabeza para mirar a la ventana, al señor que tengo al lado o a la anciana musulmana de la derecha. Mi corazón late. Y yo no dejo de sentir cosas.
El amor tan grande que siento por Toni; la pena por mi madre. Agobio por los exámenes. Rabia, por tantas cosas. Siento que se me va el tiempo, pero que me sobra. Siento que tengo que luchar, y que sólo puedo rendirme.
Me siento adolescente; no me entiendo (me encantaría hacerlo).
A veces pienso que estoy cambiando. Otras, que ya lo he hecho; una idea que no se me va de la cabeza. Pero es cuando estoy más optimista, cuando me digo a mí mismo que aún tengo que cambiar.
Como veis, siento cosas. Me siento afortunado. Y desgraciado. Mis sentidos están bien, recibo información del exterior. Sé que estoy sosteniendo una libreta con la mano izquierda, y un bolígrafo con la derecha. Percibo el ambiente cargado, lo huelo. Noto el sabor a plástico del boli cuando lo muerdo. Oigo The Skin Of My Yellow Country Teeth de los Clap Your Hands Say Yeah, y veo a los que entran al vehículo en la estación de Granada.
A la vez, puedo hablar con el señor, el que me acaba de decir de una forma muy poética que va solo ("cada uno hace su camino"). Y también puedo decirle que no voy con nadie. Pero nada más, sólo eso: información. Sólo puedo daros información, gente que leéis esto.
Nada de lo mal o bien que me pueda sentir, nada de la fascinación que siento por el paisaje de la ventana, nada del cariño que tengo a las personas desconocidas, ni de lo que siento por amigos, familia, o por ti, cariño. Sólo puedo decirte los nosécuántos "tes".
No sé si alguien me conoce de verdad ya. Y quizá sí lo hacéis, me conocéis bien.
Pero es que no lo sé.
El caso es que no sabía de qué escribir, pero quería hacerlo. Y tengo la sensación de que cualquier cosa de la que hubiera escrito me habría llevado a la misma conclusión: no tengo la menor y puñetera idea de nada.
¿Sabéis? Sólo quiero que acabe ya esto, y empezar a buscarme la vida (a buscárnosla). Quiero dar un paso ya, coño. Pero bueno, el escalón está roto, y faltan unas semanas para que esté arreglado.
Así que sólo puedo sentarme aquí, a mirar el paisaje, sin saber cómo haceros saber cómo me hace sentir, y ponerme transcendental, a divagar.
Sigue rascando.
Sábado, 4 de mayo de 2007; 20:28h (Escuchando In This Home Of Ice, de Clap Your Hands Say Yeah) 3/10/2007 17. Sobre buenos y malosSábado, 10 de marzo de 2007; 16:16h
(El texto que estás a punto de leer puede estar condicionado por la mala hostia que tengo ahora mismo. Y no, no estoy escuchando música, ¿qué pasa?)
No sé si entendeis por qué me encanta el cine. Tampoco sé si quiero que lo hagáis. En teoría, se supone que me la suda. En la práctica, al menos en mi caso, nada es como en teoría. En teoría, soy diferente; en teoría, soy maduro; en teoría, soy sincero y honesto; en teoría, soy modesto... Nada más lejos.
Bueno, el cine (no tengo ganas de divagar) me encanta por varias cosas. Por ejemplo, es mi válvula de escape. Con las películas (y series) puedo reir, puedo asustarme, puedo sentir que todo cambiará, puedo tener esperanza... puedo llorar, pero hay algo que está claro. Todas esas sensaciones serán un tipo de alienación: no tendrán nada que ver conmigo mismo. Por eso pienso que la sensación de verse identificado en el arte está sobrevalorada: una canción, un cuadro, un relato, una película (el caso que nos ocupa) nos puede encantar y traernos miles de sensaciones sin que tengan nada que ver con lo que tenemos nosotros dentro.
Otra razón por la que me gusta el cine. Con él conozco personas, situaciones y mundos... Y lo más importante, con el cine conozco mi propio mundo. Con él podemos cambiarlo. En realidad, no nos engañemos, podemos cambiar el mundo con cualquier cosa. Lo que pasa es que eso no lo vemos.
A lo que iba. Una de las razones, que se me ha ocurrido hace un rato... En las películas todo puede ser muy simple. Como dice nuestra Belén, en un momento el vecino de arriba puede pasar de ser el tío más legal del mundo a tener una cara de malo malísimo y ser un asesino en serie. Así son los telefilms. Y miento: los odio. Porque, al fin y al cabo, yo, en mi masoquismo redomado, elijo las películas con personajes reales.
¿Cómo son los personajes reales? Como tú. Como yo. Como todos nosotros. Las personas. Fascinantes nosotros, podemos ser grandes amigos y engañar a la vez; podemos querer mejorar el mundo pero no ser capaces de mejorarnos a nosotros mismos. Podemos amar y odiar. Podemos ser diferentes y a la vez, ser iguales que todos los demás. Podemos parecer normales, y esconder terribles secretos.
Podemos haber sufrido toda nuestra vida, y usarlo como justificación para portarnos como auténticos cabronazos. O podemos ser adolescentes y decir que somos unos incomprendidos, cuando nosotros mismos no intentamos comprender a los demás.
La vida es una guerra, y como en todas ellas, todos salimos perdiendo. Hay una pregunta que siempre me hago... ¿hay buenos y malos? Y si los hay... ¿cómo distinguirlos? La vida no es un telefilm, y los malos no tienen por qué tener cara de malos, ni ser asesinos en serie. ¿Cómo saberlo?
¿Cómo estar seguro de que el malo no soy yo?
Sábado, 10 de marzo de 2007; 19:27h 2/22/2007 16. Sobre estar congeladoJueves, 22 de febrero de 2007; 18:25h (Escuchando Have You Forgotten, de Red House Painters) ¿Perdido, dices? Bueno, puede ser… pero en realidad sé dónde estoy y dónde quiero estar. Y no son el mismo lugar. Sigo recorriendo las calles en busca de historias. Y no encuentro más que la mía, y me revuelco en ella, como la gran mierda que es, como el gran cerdo que puedo llegar a ser. Y en busca de historias, me topo con recuerdos, y con esperanzas. No tienen nada que ver, pero van de la mano. Tengo miedo de que el subconsciente me juegue malas pasadas. Porque sé lo que voy a hacer. Y sólo se puede definir con un refrán: “nunca llueve a gusto de todos”. Y llega el momento de ser egoísta. De volver a serlo. ¿Cuántas veces he decepcionado a alguien? ¿Cuántas veces más os voy a decepcionar? Sólo espero que no esperéis nada de mí. Esperad a ver si podéis hacerlo. Cada día me despierto con la misma desilusión: sigo siendo yo mismo, y sigo estando aquí mismo. No me gusta nada de lo que puedo tocar con mi mano. Y ya no puedo ni alzar la voz para gritar a nadie: sólo puedo gritarme a mí mismo. Y mis expectativas son muy simples. Lo que pasa es que no me van las ilusiones a largo plazo. Me olvido de lo que tengo que hacer bajo su motivación. Vuelvo a intentar escribir algo que no sé, vuelvo a intentar saber algo que no escribo. Y vuelvo a intentar sentir cosas que no puedo. Y a cada paso que doy, a cada sonrisa que os lanzo, queridas personas que me rodeáis, miento un poco más. Y como no sé mentir, aquí me tenéis, intentando mantener una mentira sin sentido; aquí os tengo, sabiendo que ya no podéis esperar nada de mí. Vuelvo atrás, porque estar quieto me aburre, y adelante no puedo ir. Y adelante es donde tengo que dirigirme. Adelante, adelante, adelante, ahí están mis expectativas, lo que siento, lo que quiero escribir, mi motivación, la lluvia que espero. Lo siento, pero el día que llueva a mi gusto, no volveréis a verme en mucho tiempo. Perdido, dices… bueno, hay gente que me ha perdido. Y sólo yo tengo la culpa. Jueves, 22 de febrero de 2007; 18:39h (Escuchando The Moment I Said It, de Imogen Heap) 15. Sobre la vidaMiércoles, 21 de febrero de 2007; 18:50h (Escuchando Music for a nurse, de Oceansize) El sol saldrá mañana. Y todos estamos seguros de ello, pase lo que pase. No importa nada. Motas de polvo en una mesa demasiado grande y sucia. Esclavos del destino, maniatados, cabizbajos, sin futuro, pero sin opción a parar. ¿Luchar contra ello? ¿Cómo? Y ¿de qué sirve? ¿Para qué morir? Somos hormigas en el gran hormiguero, pero al menos somos algo. ¿Intentar salir de él? Fuera no sobreviviríamos, sin las otras hormigas. ¿Aspirar a cambiarlo? Es imposible; ya lo sabemos, por mucho que se ha intentado, el hormiguero sigue siendo una jaula llena de desgracias. Desgracias, frustraciones, decepciones, cambios, destino, muerte. Sonrisas. Y lágrimas. El mundo está lleno de contradicciones, y nadie se salva de ellas. Al ritmo sin fin de un tambor, bailamos todos como podemos, sin saber si la canción tiene algún sentido. Muchos no saben ni si les gusta. ¿Existe el destino? ¿Existe nuestro destino, el de cada uno? Quizás nuestra vida consiste en dar unos pasos preestablecidos, que nos llevan a un final inevitable. ¿Qué es peor? ¿Eso, o estar desorientados, y que nada nos asegure que existimos por una razón? ¿Es la vida tan bellamente simple? ¿O es, como parece, (bellamente) compleja? ¿Es bella? ¿Y qué somos nosotros en la vida? ¿Qué es ella para nosotros? ¿La esencia de nuestra existencia, o el tablero de nuestro juego? Quien lo abandone, deja de jugar. ¿Y qué juego es éste? Jumanji, una trampa, un reto. O fútbol, la consecución de una bola escurridiza, tras la que todos corremos… Me pregunto si tiene sentido tirar los dados, si hay algo de lógica en marcar el gol. ¿Sabemos algo? Parece que no… Sólo tenemos algo claro: que el sol saldrá mañana. Que cuando salga, será otro día, que hay miles de historias como la nuestra, que somos hormigas, que el tambor sigue sonando. Que podemos seguir sonriendo. Que lloramos… Que, a veces, una contradicción, es la duda entre dos opciones. Las opciones son opcionales. ¿Podemos elegir? Vivir o no, ser como somos o cambiar, luchar o rendirnos… ¿Llorar o no? ¿Quieres llorar? Llora, llora, llora, llora. Pero el sol saldrá mañana; y tú, pequeña hormiga, seguirás bailando. Domingo, 21 de febrero de 2007; 19:08h (Music for a nurse, Oceansize) |
Los trozos de arte (o entretenimiento) que más me gustan
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